La Cumbre de la Tierra: Río+20

Manuel Burga Historiador. Docente universitario

Lima, jun. 07 (ANDINA). Mi abuelo, en las noches apacibles, cuando el verano de la costa norte parecía venir con poca agua, solía –muy prolijo en detalles– recordar el 'Gran Niño' de 1925, en que el clima se volvió tropical, los ríos se desbordaron, el paisaje cambió y los grillos invadieron calles, parques y viviendas.

Después lo supe, teóricamente, que nuestra historia estuvo salpicada de fenómenos similares. Hasta que llegó el otro 'Gran Niño', 1982-1983, que lo pude constatar, sufrir esas alteraciones que mi abuelo tanto refería. 
Pero desafortunadamente, esta vez,  ya no era lo mismo, después del segundo 'Gran Niño', el clima quedó alterado, oscilante, perturbado y el ambiente en un progresivo deterioro.  ¿Qué había realmente sucedido en el mundo en el siglo XXI y qué nos dejaba como legado para el siglo XXI?

La modernidad del siglo XVIII nos trajo muchas cosas buenas. Entre ellas, el pensamiento científico, racional, las democracias, los esquemas republicanos, la ciudadanía, las naciones modernas, pero también vino acompañada de un desarrollo económico y material sustentado en el uso abundante de combustibles fósiles, como carbón, el petróleo y ahora gas natural.
Este desarrollo industrial, sobre todo en los países desarrollados, produce altas emisiones de carbono con efecto invernadero, que han deteriorado la capa de ozono que protege la Tierra.  
Se trata entonces de un cambio gigantesco que afecta al mundo entero, un reto a la humanidad, como ha sucedido en otras épocas, pero que ahora una buena percepción de este fenómeno ha permitido una rápida toma de conciencia. La academia ha respondido cuestionando la teoría económica que sustentó ese tipo de desarrollo y ha iniciado el complejo camino hacia lo que se denomina una 'economía verde', que promueva el desarrollo sostenible, con bajas emisiones de CO2, alta inclusión social y bajos riesgos ambientales.
Estas nuevas actitudes las promueven los organismos internacionales. Así, Naciones Unidas organizó la Conferencia de Estocolmo en 1972, y en medio de la crisis del petróleo se comenzó a hablar de economía sustentable, con un racional manejo de los recursos naturales. 
Vinieron luego Ciudad del Cabo, Kioto y finalmente Río 92, y es desde esta última reunión en que se habla seriamente de economía sostenible, con cuidado ambiental, conservación de bosques y manejo racional del agua. Ahora nos aproximamos a la nueva conferencia, denominada esta vez, Río+20, que se desarrollará este mes en Río de Janeiro y en la cual se buscará evaluar los logros, avances, limitaciones, alrededor de los compromisos sobre desarrollo sostenible asumidos hace 20 años en esta misma ciudad.
Nuestro Ministerio del Ambiente ha elaborado un Informe País: veinte años después de Río, y la delegación peruana presentará una propuesta llamada Pabellón de Montaña,  para asegurar el desarrollo sostenible en zonas altoandinas, que todos deberían leer, o conocer, sobre todo aquellos que escriben sobre los acontecimientos de Conga y Espinar. 
En los últimos 20 años, Perú ha hecho avances significativos, por ejemplo con la creación de los ministerios del Ambiente (2008) y de la Cultura (2010), que tienen mucho que ver con el cumplimiento de estos compromisos. Hay seguramente eslabonamientos ocultos entre todo este movimiento mundial –político, científico y tecnológico–  y el ecologismo popular y las actitudes antimineras. 

No creo en el simplismo de los que afirman que las izquierdas han asumido el ambientalismo y la defensa de la diversidad cultural de manera oportunista. Me parece que estas actitudes y movimientos nacen de las entrañas de las regiones, de una descentralización que las ha despertado y se trata más bien de  complejos procesos que afectan a la sociedad en general.
La universidad, por ejemplo, ha reaccionado con rapidez. La Pontificia Universidad Católica del Perú ha creado el Instituto de Ciencias de la Naturaleza y Energías Renovables (Inte), y la Ruiz de Montoya, la Escuela de Economía y Gestión Ambiental. Todas las universidades se han pronunciado en apoyo de la propuesta de la Unesco por crear economías ecológicas.
Los dos nuevos ministerios hacen muy bien en llevar una propuesta a Río+20  y son ellos mismos, sus ministros, los que mejor pueden entender esta situación y dialogar con las dirigencias regionales que ahora piden una minería limpia, como sucede en todo el mundo, de lo contrario nadie podrá detener el deterioro ambiental. 

Fecha: 07/06/2012