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Jean Pierre Magnet: fui músico ambulante

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    Foto: ANDINA/archivo
Por Susana Mendoza

14:55.

Lima, feb. 21 (ANDINA).
Sabe a sus 62 años que creará música andina hasta el último día de su vida. Jean Pierre Magnet y Serenata de los Andes quieren conquistar el mundo en nombre del Perú. Estarán en Colombia en abril, pero antes, el 28 de marzo, harán un concierto de despedida.

¿Se define saxofonista o músico en general?
-Soy saxofonista, compositor, arreglista, mi función con este grupo, Serenata en los Andes, es general, creo la música. Es una concepción personal que tengo de la música andina. No soy un estudioso de la música. La estoy haciendo por intuición.

¿Cómo lo logra?
-Con mi conexión con mi alma peruana, con mi identificación, desde mi infancia, con la música andina. Escuchaba la radio de niño, y oía la música que las chicas que trabajaban en mi casa escuchaban. Yo viví hasta los 13 años de edad en el hotel Country Club de San Isidro.

¿Se siente feliz por su conexión con su alma peruana?
-Me considero muy afortunado porque descubrí un camino definido dentro de la música porque la gama musical es muy amplia. Sé que voy a hacer música andina hasta el final de mis días. Con mucha admiración y respeto.

Me sorprende su acercamiento a la música andina…
-Siento mucho cariño por la música andina, la estoy trabajando con mucha intuición porque soy peruano. Me siento a componer por el amor al Perú, quiero llegar al público con mucha dulzura y belleza.

¿Qué lo inspira?
-La belleza del mundo andino. Cierro los ojos y me trasporto al colorido del ande, no a la tristeza; si no a la melancolía, a lo hermoso de sus colores.

¿Por qué otro motivo se siente afortunado?
-Este idioma musical que he escogido es propio porque es peruano, es andino. No podría tocar música afroperuana, aunque con Perú Jazz improviso ritmos negros. No soy negro ni andino. Pero el ande nos corresponde a todos los peruanos. El afro, no, es africano. Yo no siento la misma identidad con un huaino que con un festejo.

Jean Pierre y Serenata de los Andes debutaron hace dos años…
-Sí, lo hicimos en la Huaca Pucllana, luego tocamos en Arequipa, Huancayo, en Asia…

¿Por qué ahora tiene más vigor?
-Porque el objetivo de Serenata de los Andes es difundir nuestra música en el mundo. Colombia, el Teatro de Bellas Artes de Bogotá, el 2 de abril, es el primer escenario fuera del Perú. Nos auspician varias empresas peruanas, es lo positivo. Lo negativo, es que no nos alcanza. Somos 6 saxofones, 5 zampoñas, 6 violines, un arpa andina a cargo de Luciano Quispe, ayacuchano conocido, Alex Acuña, Ramón Stagnaro. Somos en total 22 músicos.

¿Componer qué le exige al músico?
-Primero la vena de inspiración creativa. Si se ha tenido formación musical formal, puedes escribirla, se puede componer en un pentagrama…

¿Cómo se crea música?
-Hay unas personas que crean teóricamente, otros escuchan la música en su cabeza y la pasan al papel para no olvidarla.

¿Requieren capacidad de abstracción?
-Uhmmm… es otro mundo, no es el de acá.

¿Se siente de otro mundo?
-Si, esa es la suerte, desde chico. Formé parte del grupo rock Trafic Sound, y a los 17 años descubrí esta vena creativa. Después de 3 años se deshizo el grupo, yo estudiaba administración de empresas en la universidad Católica, pero me di cuenta que quería ser músico porque sentía que tenía algo dentro y quería expresarlo con música…

¿Estudió música?
-Me di cuenta que para escribir música tenía que estudiar, no sabía nada ¿cómo iba a escribir partituras? Había aprendido a leerlas, y a tocar mi saxo con un profesor, pero no sabía cómo estructurar la música que tenía dentro.

¿Se sentía raro por tener esa habilidad?
-No, porque era bien tímido, introvertido, y la música fue para mi una gran compañera.

¿La elección del saxo fue inmediata?
-No, fue estudiada, analizada mirando el techo. Si. A los 10 años. Como vivía en un hotel, al lado había un restaurante, el Aquarium, un quinteto de música en vivo. Y cuando me acostaba en mi camita oía la guitarra, bajo, batería, piano y saxofón. Escuchaba cada instrumento. Me jaló la melodía del saxofón, su sonido. En esa época sonaba mucho en la radio Fausto Papetti, un saxofonista italiano que todos los hits los tocaba. El rock de entonces tenía como formato un contrabajo, saxo, piano, guitarra y batería. El saxo era muy lúcido y versátil.

¿Y cuando admitió su identidad peruana?
-En los últimos diez años, pero en verdad desde muy chico, desde la infancia. Es algo que tengo latente, quizás porque viví 9 años fuera del país. Mi madre me apoyó para estudiar música porque mi papá murió cuando cumplí 13 años. Salimos del hotel y empezamos a vivir una vida normal porque el hotel era una fantasía. Me fui a estudiar a Buenos Aires, a Missisipi, Boston, California. Allí empezó mi amor por el Perú, por su música, que es mi destino.

¿Qué quiere lograr?
-Un sonido impecable, una presentación en vivo de ejecución impecable: visual, sonora, de vestuario para llegar a escenarios importantes del mundo y tenga secuela importante. Como jugar futbol en canchas importantes.

Quiere trascender…
-Quiero trascender porque estoy seguro que el Perú trasciende por sus raíces.

¿A los 62 años la intensidad creativa se fortalece?
-Recién se inicia. Es la primera vez que escribo toda la música, la arreglo, hilo un tema con otro, concibo las luces, el vestuario… toda la producción. Bogotá es el primer escenario fuera del Perú y el segundo, el Lincoln Center de Nueva York, el 10 de noviembre.

¿Recibió apoyo de sus padres para ser músico?
-Si, porque mi pasión era evidente. A los 10 años se lo dije a mi padre, y lo recuerdo clarito. Me fui a la oficina de mi padre, y le dije que quería hablar con él. Papá quiero ser músico, le dije, quiero tocar el saxofón. ¿En serio? Si. Entonces te pongo profesor. Y mi profesor fue el señor que yo escuchaba durante la noche en el Aquarium, don Napoleón Murillo.

Le cambió la vida…
-Si porque a los tres días me compró el saxofón y nunca más paré hasta que él murió. Me puse muy triste, enterré el saxofón dos años y a los 15 años de edad lo volví a tocar y desde entonces no he parado.

¿Qué escenario ha sido más difícil para usted?
-El más difícil es aquí, en el Perú, pero afuera es el placer máximo. Por eso creo que los momentos que me esperan en mi vida musical con Serenata de los Andes serán un privilegio. Es lo máximo compartir este proyecto con Alex Acuña y Ramón Stagnaro. Alex deja cualquier actuación en el mundo para venir a tocar con nosotros. Él también está convencido de que vamos a conquistar el mundo que ya está preparado para oír la música andina.

¿Ha tocado en un escenario solo?
-No, pero si en la calle, fui músico ambulante. Luego de haber estudiado en el conservatorio, en universidad de Missisipi y en Berkeley Boston, la institución más famosa del mundo para estudiar jazz, toqué en las calles de San Francisco un poco como ídolo, Sonny Rollins. Tocaba todo el día, y conocí a los vagos y borrachos. Nos juntábamos en el parque y mirábamos el Golden Gate. Tenía 25 años y ganaba mis 20 dólares diarios.

¿La creación es un acto solitario?
-La creación perfecta es la solitaria.

(FIN) DOP


Publicado: 21/02/2011

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