La señora Magda Salazar de Núñez, quien tuvo internado a su hijo Antony Núñez, de 21 años, señaló que la atención ofrecida era similar a la que se da en una familia.
“Allí tuve a mi hijo por dos años. El salió en mayo del año pasado. Vine porque mi cuñado está ahora internado aquí y pensaba que le había pasado algo, pero gracias a Dios ya confirmamos que le dieron libre ayer y por eso no estuvo en el incendio. A todos los trataban muy bien”.
Indicó que el administrador de lugar, Carlos Tapia, era un hombre muy preocupado por la recuperación de las personas que entraban allí y que sus familiares nunca le reportaron un maltrato físico recibido en el centro.
“A veces ellos mismos, en su desesperación por salir a consumir drogas, inventaban un montón de cosas. Por ejemplo, una vez, mi hijo me dijo que le habían pegado, pero después con los meses tomó conciencia y me contó que lo había inventado para salir”, sostuvo la señora, quien vino desde Ate Vitarte.
Por su parte, Gari Cabrera, de 23 años, quien llegó hasta el lugar a bordo de su moto, indicó preocupado que conocía a los fallecidos así como al administrador, a quien dijo agradecer por el apoyado que le brindó durante dos años de tratamiento.
"No había terminado secundaria, estaba en segundo de secundaria y gracias a él (el administrador) logré superarme. Me daba dinero para mi pasaje, siempre estaba pendiente cuando estuve internado”.
Manifestó que cuando los consumidores de drogas llegan por primera vez, es común que busquen la manera de salir para poder consumir sustancias, pero que durante su estadía jamás vio que se maltrataran a los internos.
“Si se ponían agresivos se les ponía frente a la pared. Allí los dejaban parados. Y si se ponían malcriados, les quitaban la visita o la comida extra que les traían sus familiares. Nunca ha habido maltrato con nadie. No nos encerraban con llave. Dormíamos con una persona que tenían mayor tiempo en el centro, que estaba limpio. Es un pena lo que ha pasado”, indicó.
Cabrera, quien vive en Santa Anita y ahora se desempeña como agente de seguridad privada de algunos locales en el Callao, salió del centro Corazón de Jesús hace cuatro años.
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