No era el típico vate bohemio de francachelas y humo de cigarrillo, con pose del intelectual aislado para su proceso de creación artística y atiborrado permanentemente a los libros.
“Fue un hombre conversador, ameno y amiguero, al punto que practicaba ‘fulbito’ y ciclismo con frecuencia, al margen de sus múltiples actividades diarias”, recordó la poetisa Rocío Silva Santisteban.
Entre esas actividades, destacaba su labor docente en universidades de Perú, Estados Unidos y Europa; así como en el periodismo en prensa escrita, en radio y televisión. Recientemente se desempeñó como director del Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería.
“Ha sido una figura cuya obra rompió con la manera de hacer poesía, introduciendo un poesía con toques narrativos”, comentó Silva tras conocer su deceso a los 69 años, por una penosa enfermedad que enfrentó en los últimos meses.
De hecho, su muerte representa un duro golpe para las letras peruanas por tratarse de uno de los más importantes poetas en la historia del país.
Perteneciente a la llamada “Generación del 60” de la literatura peruana, Cisneros ha ganado una serie de importantes premios por su carrera en las letras, como el Premio Nacional de Literatura, además del premio Pablo Neruda en el año 2010.
También recibió el Premio de Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval y fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.
Nacido en Lima, Antonio Cisneros fue doctorado en Letras por la Pontifica Universidad Católica de Lima, viajó a Europa en 1967 para desempeñarse como profesor, y desde entonces, desarrolló una prolífica carrera y escribió decenas de poemarios.
Quizás el más importante sea el que ganó el premio Casa de las Américas en 1968: Canto Ceremonial contra un Oso Hormiguero, el cual tomó como seudónimo para un conocido programa radiofónico por muchos años.
“Uno de los oficios más gratuitos que conozco es la poesía. Se hace por amor al arte”, declaró en una de sus últimas entrevistas, a propósito de los premios que ha recibido a lo largo de su vida.
“Es conmovedor pensar en personas que se han dedicado cincuenta años a escribir poesía como yo. Por un lado, tiene algo de ridículo, pobres señores que escriben poesía todo el tiempo. Pero por el otro, es conmovedor tener fe en la palabra”, ironizó sobre su labor poética.
(FIN) JCP/GCO