Lima, nov. 27 (ANDINA).- Primera vez que Vivian Abenshushan –escritora, ensayista, blogguer y editora mexicana– pisa tierras peruanas, aunque la ha visitado innumerables veces a través de su narrativa. Y de esos territorios literarios limeños, el que domina a la perfección es el del escritor Julio Ramón Ribeyro (1929-1994).
Tal vez le alcance el tiempo para vagabundear por Miraflores y Barranco, me cuenta, pero ya comprobó esa leyenda literaria que en Lima los taxistas saben o han leído a Ribeyro, y mientras paseaba rápidamente por la ciudad, la ubicuidad de los casinos le explicaban por qué el amor final de Ribeyro por estos centros.
Aparte que encuentra muchos parecidos entre Ciudad de México y Lima: “Hemos vivido el mismo proceso de urbanización sin mesura y también tiene sus rincones encantadores”.
Hace 15 años que Abenshushan descubrió “Solo para fumadores”, un cuento de Ribeyro publicado en una revista literaria de escasa circulación, Biblioteca de México.
“Ese ensayo me convirtió a la secta riberiana. Sentí una gran identificación por su vocación fumadora (entonces, yo fumaba hasta dos cajetillas diarias), pero sobre todo su pasión por la literatura, que lo convirtió en un escritor nómada, dispuesto a renunciar a todo por la literatura”, comenta.
Ella empezó a perseguir en el DF lo casi nada que había de libros de Ribeyro (salvo una selección editada por el Fondo de Cultura Económica ese 1994 que el peruano ganó el Juan Rulfo y, dos años después, los Cuentos completos editados por Alfaguara). “Como todo autor de culto, lo leí en fotocopias, tras una investigación detectivesca para dar con sus libros durante años”.
Luego, escribió un célebre ensayo para La Jornada Semanal, que aún uno puede encontrar en la red de redes.
Armando el libro
El año pasado, la editorial independiente Nostra le propuso que trabajara un autor para la colección Para entender, que divulga en México la vida y obra de diversos escritores latinoamericanos a través de biografías literarias.
Ella no dudó en escoger al autor de La palabra del mudo. Empezó nuevamente con sus pesquisas literarias y Julio Ortega, desde Estados Unidos, le envió una fotocopia de su libro de ensayos; ella rescató el último ejemplar de Tusquets de Crónica de San Gabriel.
En una librería del DF halló el único ejemplar de Cambio de guardia y un amigo le llevó desde Lima Dichos de Luder. Leyó citas de autores que conocieron a Ribeyro, luego elucubró, meditó y escribió Para entender: Julio Ramón Ribeyro (México, Nostra, 2009). Sus 70 páginas acaban de publicarse y buscará invitar a los lectores a conocer a este peruano.
La pregunta que siempre ronda sobre Ribeyro es por qué no se le conoce tanto, si calidad le sobraba. “El origen está en su propia personalidad: él decidió vivir al margen de sus contemporáneos del boom latinoamericano; por su timidez, orgullo e idea de la escritura, rechazaba la imagen del escritor como figura pública. Y él era la antípoda de Carlos Fuentes”, comenta.
Otro tema, dice Abenshushan, es que pese a ser un escritor de estilo transparente y profundo, practicó géneros poco cotizados en las bolsas de las grandes editoriales, como el cuento y otras formas poco convencionales, (re)inventados por él mismo, como las prosas apátridas, los fragmentos de diario o los dichos.
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