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Lima, Perú. Jueves, 24 de julio de 2014
 
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10:46 Efraín Aguilar: Soy un alma libre por naturaleza
 
Por Susana Mendoza
Lima, jul. 19 (ANDINA). Empezó su vida como un perfecto mil oficios. Efraín Aguilar Pardavé desde niño supo que quería ser actor. Hoy, dirige “Al fondo hay sitio” la telenovela peruana de mayor ratings en nuestro país, es productor y confiesa que nunca dejará la docencia.
Efraín Aguilar. Caricatura: Tito Pique
Efraín Aguilar. Caricatura: Tito Pique

¿La faceta de funcionario público le molesta?
¡No! Cuando uno tiene vocación de servicio, la función pública es como estar en su salsa. Me gusta atender los problemas de la ciudad, los vecinales.

¿Y para atenderlos se necesita sentido del humor?
No, porque cada cosa tiene su momento. Tengo ocho años como regidor y jamás me he permitido hacer una broma. Por el contrario, dicen que soy demasiado serio.

No se lo creo…
Lo que pasa es que hay que saber ubicarse. El sentido del humor tiene su sitio que es TV o el teatro. Un concejo municipal es un acto solemne, hay que tomarlo con la seriedad del caso.

¿Qué piensa de aquellos que no respetan ser funcionario público?
Lo que pasa es que hay una prensa que desprestigia periodísticamente, y generaliza. Conozco muchos malos periodistas, y no por eso voy a decir que todos son malos.

¿La Lima de este momento de su vida, le gusta?
Si. Ha cambiado mucho, sobre todo los lugares que no son de las élites.

¿Usted dónde nació?
En Lima, pero mi madre es huanuqueña y mi padre trujillano.

Y qué tiene de huanuqueño…
Creo que mi parte artística, yo me apellido Pardavé. Pertenezco a los cuyes Pardavé…

¿Cuyes Pardavé?
Es que en Huánuco les dicen cuyes a los Pardavé, cosa que no le hace mucha gracia a mi “cuyada” (risas).

La “cuyada” bailable… ¿es bailarín?
Soy un bailarín social, sobre todo cuando tengo un par de traguitos, allí no me para nadie. Pero no soy un experto.

¿Su mamá es de la misma ciudad de Huánuco?
Si, es blancona, ojos verdes, gracias a Dios la tengo viva todavía…

Es pegado a ella ¿no?…
Es cierto, mi mamá me dice que me dio pecho hasta que nació mi segundo hermano. Ella cuenta, que toda la leche me la tomé. Andaba prendido. Hasta rocoto se tuvo que poner en los pezones para que yo la dejara.

Seguro es hijo mayor…
Si, y hasta ahora mi mamá me llama la atención, me resondra cuando no le gusta lo que hago.

¿Qué le parece “Al fondo hay sitio”?
Anda pegada. Ella es el personaje de Nelly, así se llama, y le encanta porque recuerda que paraba con su escoba.

¿Y lo perseguía a usted?
A escobazos me seguía a todos lados ¡he sido muy movido! (risas) Yo viví en un barrio muy humilde, mi familia tuvo poca capacidad adquisitiva. Viví en un callejón, en la cuadra cuatro de la calle Saenz Peña, en Magdalena. Al frente quedaba un callejón famoso, “Cañete chico”, donde todos los que vivían allí eran negritos, de acrílico como dice “Melcochita” (risas) Me llevé muy bien con ellos. 

¿Esa vivencia lo ha hecho ser quien es?
Me ha dado calle.

¿Cuál fue su primer trabajo?
Vender carbón. Pero también vendí verduras, avisos luminosos, pandero, fui electricista, he cargado arena, trabajé en una farmacia. He sido un verdadero mil oficios.

La necesidad de sobrevivencia fue muy grande ¿Estuvo a cargo de sus hermanitos?
Nunca. Mi papá dentro de su pobreza, porque fue obrero de construcción civil, nos dio todo. Pero por su consejo aprendí a solucionar mis problemas yo solo.

¿Tiene hijos hombres?
Si, tres varones.

¿Cómo los cría, es protector?
No, yo he sido bien duro con ellos.

¿Se lo han reclamado?
Al contrario, ellos reconocen que ha sido positivo mi mano dura. Mire, cuando nacieron, vivíamos en un barrio “rojo”, no voy a decir su nombre, y tuve que tratarlos con la dureza que los trataba el mismo barrio. No podía estar con medias tintas. A veces con ajos y cebollas, y golpe de por medio, los puse en regla.

¿Se queda con “Betito” o “Efraincito”?
Con “Efraincito” porque “Betito” es una creación que sólo duró tres años: dos, en TV y uno en teatro, pero todo el mundo me conoce por ese nombre. Pero una anécdota. En mi barrio de Magdalena, me conocen como “Peti”, por petiso; en el colegio, “enano Aguilar”, en el Grupo de Teatro Histrión, “Pinocho”.

¿Lo enojaron esas “chapas”?
No, de ninguna manera, yo tengo correa.

¿Los chatos no tienen mal humor?
Soy un cascarrabias, pero cuando chocan con mi trabajo. Para mí la disciplina es lo más importante para desarrollarse en cualquier actividad de la vida. Hay que saber colocar los puntos sobre las íes.

Es disciplinado…
El teatro me disciplinó. Pero en el colegio, mi gran maestro de teatro, César Urueta Alcántara, me enseñó que la puntualidad y la disciplina eran lo más importante. Eso lo aprendí con mucha seriedad

¿Con qué se logra hacer realidad los sueños, con tolerancia o disciplina?
Las dos cosas. Yo tuve suerte, porque encontré mi vocación desde muy niño. Mis hijos, por ejemplo, tuvieron dudas para encontrar su vocación. Saber mi vocación me hizo perseverante.

¿Perseverante en qué?
En todo. Yo no vine de una familia solvente, tuve que trabajar mucho, inclusive dentro del teatro como tramoyista, iluminador, utilero, apuntador. Cinco soles me daban que me permitieron alimentarme y estudiar en la universidad. Cuando ingresé al instituto pedagógico nacional, lo hice con un buen puntaje y me becaron.

¿Ejerció la docencia?
Trabajé en el colegio N° 3047 de Comas, fui once años profesor del Club de teatro de la universidad Federico Villareal. El teatro es magisterial, es enseñanza, se creó para llegar a las masas.

¿Qué enseña como padre?
A mis hijos les he enseñado que una cosa en tener una cultura testimonial, y otra, investigadora. Y les he dicho siempre que no se queden con lo que ven, que no se queden con el detalle, que lean. Yo les he leído los cuentos de Edgar Alan Poe, por ejemplo.

¿A los alumnos?
Les enseño disciplina y les incentivo su afán de conocer. 

¿A la nuevas generaciones de actores?
Soy un admirador ortodoxo del actor y director de teatro, Kostantin Stanyslasky. Y les enseño que hay método para ser actores, que no es producto de la improvisación, es un compromiso. 

¿La madurez que le ha enseñado?
A saber delegar. Es muy difícil dar ese paso porque cuando uno es director, y de éxito, no es sencillo hacerlo. Darme cuenta que podía frustrar la carrera de los chicos sino le daba pase para dirigir, me hizo cambiar.

¿Cuál es le mayor logro de esa decisión?
Tener una generación de cuatro jóvenes directores.

¿Qué poder siente que ha cedido, del conocimiento o del control?
El control como director y productor nunca lo voy a perder. El conocimiento es el que cedo y enseño. Ahora por ejemplo, estoy en una etapa de control de calidad. Todos los días a las 9 de la mañana, me siento a ver los programas grabados. Y selecciono qué sirve, qué va. Eso no hacía antes porque no me daba a vasto.

Le gusta leer ¿le gusta la literatura?
Me encanta. Me entusiasma Alfredo Bryce Echenique, Fernando Ampuero y Ramón Ribeyro.

¿Le hubiera gustado ser escritor?
 Tengo allí algunos pecados, una novela…

¿Escribir guiones es una manera de compensar el gran relato que usted quisiera contar?
Es como empezar a montar bicicleta, después una camioneta cuatro por cuatro, para llegar a manejar un cohete. El idioma hay que tratarlo con mucho respeto, y es una virtud manejar la gramática y exponer las ideas a través de la escritura. 

¿Le da miedo envejecer?
¡No, soy muy feliz ahora que soy abuelo! Tengo 65 años, y una nieta linda y un nieto bello, gordito. Imagínese que ahora en cada viaje que hago, les traigo sólo regalos a ellos. Ni a mi esposa ni a mis los engrío ya.

¿Qué conciencia le ha dado la presencia de ellos en su vida?
El ser humano ve perpetuar su vida a través de los nietos. Uno toma conciencia que allí prolongamos nuestra su vida.

¿Es un alma libre?
Soy así por naturaleza.

¿Nada ni nadie lo ha sometido?
Absolutamente.

¿Qué o quien lo podría someter?
Le voy a decir algo que puede sonar materialista: el día que me quede sin trabajo, porque no voy a ser capaz de sustentar los gastos que estoy acostumbrado a tener. No tengo los 20 o 30 años que tenía antes.

¿Qué extraña de esos años?
Las energías para mata perrear, en el buen sentido de la palabra, porque si lo publica mi mujer me mata. He sido un bohemio de primera, me iba al Palermo a hablar con la élite de los intelectuales. He sabido tomarme mis tragos con Humareda y Julio Ramón Ribeyro, que me enseñó a fumar.

¿No le gustaría escribir un libro sobre su vida?
Tengo una novelita que le estoy dando vueltas, pero no he tocado esos temas. Mi bohemia ha sido interesante, a Juan Gonzalo Rose también lo conocí ¡por Dios, un escritor inteligente¡…

¿Se siente un actor de éxito frente a los de su promoción?
¡No! Ahí están Adolfo Chuiman, Aurora Aranda, Machucado, Analí Cabrera…buenos actores, y muy agradecidos, hay otros que no, y no vale la pena mencionar. Pero creo que tengo buena mano.

A qué se refiere…
Tengo buena mano para inculcar el respeto a la profesión, por eso permanecen. Si se quiere vivir del teatro, se tienen que entregar con pasión, no se puede ir con medias tintas

¿Y en el amor ha sido así?
A mi esposa la conocí en el teatro, era bailarina de ballet, y la perseguí durante años (risas) Yo le decía a su mamá “esa mujer va a ser mía” y ella me decía enojada “fuera de acá” porque yo me paseaba, a veces sin camisa, con el martillo y mi serrucho colgado porque era tramoyista.  ¡Un tramoyista con su hija, jamás! Al final me casé con la hija (risas)

(FIN) Variedades

Fecha: 19/07/2010
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