Lima, mar. 21 (ANDINA).- Un Cristo misericordioso, que cumplió con la tarea de su Padre, pese al dolor que esto le significó, fue el punto común que resaltaron los diversos prelados que, uno a uno, recordaron y analizaron hoy en la Catedral de Lima las siete palabras dichas por Jesús crucificado.
Fue el sacerdote Octavio Casaverde Marín, canónigo de la Basílica Catedral, quien inició el sermón de las siete palabras, abocándose a desentrañar el mensaje de la primera: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Sobre ella, sostuvo que nos revela a un Dios misericordioso, que al igual que en la parábola del Hijo pródigo, hace prevalecer el amor sobre el odio.
“Da testimonio de que no ha venido a condenar, sino a salvarnos de todos nuestros pecados. Esta frase descubre su amor compasivo, y nos invita a seguir su ejemplo en todas nuestras actividades humanas, en la familia, en el trabajo, en el centro de estudio. Nos enseña que no es posible la paz con odios y venganzas”, afirmó.
En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso, la segunda palabra, dicha al llamado ‘ladrón bueno’ que estuvo en un costado de Jesús durante la crucifixión, estuvo a cargo del sacerdote José Chuquillanqui.
Indicó que con frecuencia muchos se creen dueños de la justicia, pero sin la compasión de la que hizo gala el hijo de Dios.
Lamentó la falta de justicia que padece mucha gente, que es encerrada en las cárceles por faltas menores, mientras los que han hecho mucho más daño se pasean por las calles.
Es momento de mirar más allá, exhortó, de ver la miseria y el dolor que agobia a nuestros hermanos y que todos debemos ayudar a combatir.
La palabra “Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre” revela una vez más el amor que profesó Jesús a toda la humanidad, y que pese a su gran dolor, tuvo tiempo para preocuparse por dejarnos a su madre, para que cuide de nosotros, sostuvo el padre Jaime Calvo Zarate, a cargo de analizar esta palabra.
Recordó la soledad que acompañó a Jesús en su crucifixión, cuando ya no habían más milagros y todos le de daban la espalda, fue allí, dijo, en que el amor de María cobra una especial dimensión.
“Cuando Jesús entrega a su madre al apóstol lo hace en verdad a todos nosotros. Desde ese momento ella es también nuestra madre”, refirió, al tiempo de invitar a todos a cuidar de sus padres, a hacerles sentir su amor, no sólo con palabras, sino también con la presencia.
A su turno, Carlos Rosell de Almeida, fue el sacerdote responsable de explicar la cuarta palabra: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado.
Indicó que aunque podría parecer un reclamo, se trata de una oración hacia el Padre, del rezo de alguien sufriente, que se siente agotado, adolorido, que se muestra en su condición más humana.
Tengo sed, quinta palabra, es la queja de Jesús ante la falta de compromiso de muchos católicos ante el camino de Dios, afirmó Pedro Hidalgo Díaz, prelado a cargo de su análisis.
“Tiene sed de los hombres que no se deciden a creer en el padre misericordioso, que se dejan seducir por el poder, la fama, que no buscan la verdadera libertad que es Dios”, señaló.
Fue Adriano Tomasi, el que reflexionó sobre el mensaje “Todo está cumplido”.
“Jesús nos dice que ahora nos toca a nosotros continuar con su pasión, su sacrificio”, sostuvo, tras señalar que lo más doloroso ya fue hecho por él, y que el camino que nos dejó no es tan duro y difícil de seguir como podría parecer.
El sermón fue cerrado por el cardenal Juan Luis Cipriani, quien estuvo a cargo de la sétima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, sermón en el que hizo un defensa cerrada del valor y protección de la familia.
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